
Empezaron siendo del tamaño de un salón comedor de casa de 200 metros cuadrados; y terminarán siendo, estando, integrados en algunas partes del cuerpo. Pero, bueno, no adelantemos acontecimientos, el caso es que en unos pocos años desde su aparición han logrado tener una velocidad que consigue realizar operaciones supercomplicadas en décimas de segundo (eso decían los cursis de los años ochenta). En unos pocos años más, no más de veinte, los que hablaban de operaciones se han quedado ya sin palabras. Ya no solo son operaciones, son imágenes, video, sonido, reconocimiento de voz, robotica, etc, etc….
Los ordenadores han cogido un puesto en la vida e los seres de este planeta tan sumamente importante que en el día actual resulta impensable imaginar que se pueda funcionar sin ellos. En un principio cogieron un protagonismo grande a la hora de realizar contabilidades o como sustitutos de las máquinas de escribir; continuaron como elementos de diseño gráfico, creación artística y creación musical, sustituyeron a los cines y salas de música; y con el paso del tiempo irán sustituyendo otras muchas cosas que por el momento no podemos ni imaginar.
Como es habitual “los de siempre” atentos a todas las novedades que se puedan producir en el desarrollo de esta civilización, aprovechan para sacar un gran beneficio de ello; pasitos cortos para renovar los equipos cada poco tiempo; aplicaciones y seguridad que ellos pueden romper en cualquier momento, comunicaciones y utilidades de Internet que son cobradas a precio de oro. En fin, nada nuevo bajo el sol (estrella de tipo pequeño que da una parte de la energías –básicamente desaprovechada – que necesita este planeta.
Esto tiene un gran inconveniente, que desgraciadamente ya conocemos de otras ocasiones. El conocimiento de esta civilización se está guardando en sistemas de almacenamiento que en próximas civilizaciones no va a poder ser aprovechado de ninguna de las maneras. ¡Si los habitantes de este planeta supieran que tienen enterrado a poco más de cuarenta centímetros de profundidad conocimientos que resolverían la calvicie, la halitosis, la obesidad, como montar los muebles de Ikea y tantos y tantos problemas que se le plantean a la humanidad y cuyas soluciones ya se encontraron hace millones de años!
Los ordenadores han cogido un puesto en la vida e los seres de este planeta tan sumamente importante que en el día actual resulta impensable imaginar que se pueda funcionar sin ellos. En un principio cogieron un protagonismo grande a la hora de realizar contabilidades o como sustitutos de las máquinas de escribir; continuaron como elementos de diseño gráfico, creación artística y creación musical, sustituyeron a los cines y salas de música; y con el paso del tiempo irán sustituyendo otras muchas cosas que por el momento no podemos ni imaginar.
Como es habitual “los de siempre” atentos a todas las novedades que se puedan producir en el desarrollo de esta civilización, aprovechan para sacar un gran beneficio de ello; pasitos cortos para renovar los equipos cada poco tiempo; aplicaciones y seguridad que ellos pueden romper en cualquier momento, comunicaciones y utilidades de Internet que son cobradas a precio de oro. En fin, nada nuevo bajo el sol (estrella de tipo pequeño que da una parte de la energías –básicamente desaprovechada – que necesita este planeta.
Esto tiene un gran inconveniente, que desgraciadamente ya conocemos de otras ocasiones. El conocimiento de esta civilización se está guardando en sistemas de almacenamiento que en próximas civilizaciones no va a poder ser aprovechado de ninguna de las maneras. ¡Si los habitantes de este planeta supieran que tienen enterrado a poco más de cuarenta centímetros de profundidad conocimientos que resolverían la calvicie, la halitosis, la obesidad, como montar los muebles de Ikea y tantos y tantos problemas que se le plantean a la humanidad y cuyas soluciones ya se encontraron hace millones de años!

