Indudablemente me está resultando de una gran utilidad mis conocimientos de mecánica cuántica para llevar adelante mi estancia en este planeta. Alguna persona malintencionada puede decir que mis conocimientos de esta materia no serán tan amplios cuando no me sirvieron para calcular con más tino mi transformación de un ser de mi planeta natal a materializarme como un ser normal y corriente de este planeta. Bueno, tampoco es para tanto; si que es verdad que me faltó el conseguir unos sesenta centímetros de altura (aparte de alguna otras partes de mi cuerpo que no son visibles habitualmente) para haber podido pasar desapercibido a la hora de desarrollar mi actividad diaria.
También es verdad que, gracias a ello, a mi limitada altura, que era un enano vamos, pude ser admitido en una residencia pública a ser considerado por todos en este planeta como un minusválido físico y emocional (esto último nunca lo llegué a entender) y me concedieron plaza permanente en esta magnífica institución donde estaba rodeado de seres bastante más jóvenes que yo, pero que, paradojicamente y a pesar de ello, se encontraba en el final de sus vidas.Pues nada, que yo, como cualquier niño de mi planeta había estudiado mecánica cuántica desde mi más tierna infancia, en la que se prendía esta materia incluso antes que las primeras letras de malmesiano (el idioma priorizado en mi planeta natal). No es que yo, para qué vamos a presumir ahora, fuera un alumno especialmente brillante en esta materia; pero si que aprendí lo suficiente como para poder "tirarme el folio" ahora, delante de mis compañeros de residencia.
Así, era capaz de crear zonas de vacíos absolutos (nada de espacio ni tiempo) en un recorrido que pretendiera hacer; así que en unas décimas de segundo me era posible recorrer distancias de hasta kilómetros y sorprendía mucho a mis compañeros despidiéndolos y dándoles la bienvenida prácticamente a la vez. O volviendo de hacer un mandado sin que apenas notaran que me había ido.
También lograba que la materia de la que estaba hecho mi cuerpo se volviera traslúcida y resultara completamente invisible para el ojo del ser humano. Por lo que podía escuchar lo que decían de mi (en muchas ocasiones un tanto desagradable) sin que se percataran de mi presencia, por ejemplo.
Una pena que no tenía ninguna necesidad (sexual) de colarme en los cuartos de las auxiliares para poder verlas como se vestían y, sobre todo, como se desvestían tal y como me aconsejaban mi compañeros de partida. En fin, la falta de deseo sexual no era yo solo, era algo que estaba bastante extendido entre los seres del género masculino de la residencia



