Debió ser con motivo de mi cumpleaños. Que francamente ya ni me acuerdo cuantos años tengo; pero seguro que cuento ya con la considerable edad de más de un millón de años. Pues eso, que con motivo de mi cumpleaños y pensando que ya se me estaba acercando la edad de la jubilación den mi planeta, decidieron enviar un becario para que me sirviera de apoyo en la dura y cansada labor que estaba realizando en este planeta. Y, además, lo habían planteado como una sorpresa, porque los muy capullos no me habían dicho absoluta,mente nada.
Tan solo me envió un mensaje de urgencia el Alto Mando para informarme que un ser de mi planeta que había sido enviado para ayudarme se había dado una castaña de campeonato y que debería ir a recoger lo que hubiera quedado de él, si es que había quedado algo, a las coordenadas que me estaban enviando de manera adjunta.
Las coordenadas, una vez hecho el cálculo correspondiente, resultaron ser en la localidad de Móstoles. ¿Que a ver como carajo iba yo desde Benidorm hasta Móstoles? ¿Reactivando la nave espacial que tenía escondida? Yo se yo si iba poder funcionar, porque la última vez que le eché un ojo estaba francamente perjudicada.Pero, finalmente me arriesgué y me dí un saltito hasta Móstoles para buscar a mi paisano. Gracias a ello no me costó mucho encontrarlo porque con el buscador de mi nave pude encontrar la nave estrellada, porque su localizador aun funcionaba medianamente.
La nave estaba hecha una castaña y mi paisano aun peor. En realidad no era de la misma raza que yo, pero si que era evidente que habitaba en mi planeta. Y estaba hecho fosfatina. Hice lo que pude y con los equipos de emergencia que aun me quedaban traté de hacer la transformación para que tuviera la apariencia de un ser de este planeta. Tuve mucho cuidado para que su estatura fuera esta vez la adecuada. Eso si lo logré; pero el pobre quedó feo con ganas; que se olvidara de poder conseguir un ligue en la residencia o en cualquier otro sitio.
Una vez que hube terminado el cambio, pude comprobar como había quedado hecho un auténtico guiñapo; apenas podía caminar por sus propios medios y no podía hablar ni comunicarse ni conmigo, ni con nadie. Era poco más de un vegetal que iba a necesitar a alguien para que lo atendiera. Como no podía hablar ni, consecuentemente, decirme como se llamaba, yo lo empecé a llamar Jaimito y ese es el nombre que iba a tener de ahora en adelante.
Lo vamos a tener que alojar en la residencia, porque Jaimito no se puede valer por si solo. Ya se lo he dicho a las monjas y, de momento, está en mi habitación. Pero, esto no puede durar mucho; así que estoy a la espera de que las monjas me den una contestación definitiva para ver si Jaimito se puede alojar con nosotros.
