NAVIDAD II
Esto es un sindiós, como dicen mis compañeros de la partida de dominó. La gente por la calle parece que está loca. Las contradicciones de esta raza de seres. Están todo el día quejándose de que no tienen dinero en el banco (ahora se guarda el dinero allí, antes parece que se hacía en los colchones de dormir) y cuando llegan estas fechas que parece que te pagan el doble; la gente, en vez vez de dejarlo en el banco para que suba el saldo, se apresura a gastarlo en productos de una más que dudosa necesidad.
Todo el mundo aquí está cobrando lo que ellos llaman pensión y, efectivamente, cuando llegan estas fechas les pagan el doble de ese importe como premio (tampoco se muy bien y nadie me ha sabido explicar porqué es el premio). Yo no tengo pensión; pero Matías me ha insistido en varias ocasiones en que vaya al departamento de asuntos sociales del ayuntamiento a reclamar para que me paguen la pensión. De momento no lo he hecho; pero me aseguran que en el momento que vaya, seguro que me pagarán la pensión mínima.
No se yo. Lo que si es que el Alto Mando me debería de remunerar por mis años de servicio (muchos) lejos de mi planeta natal. Les he enviado un mensaje haciéndoselo notar, que deberían compensarme, bien de manera material, bien de manera honorífica por mis largos y solitarios años de guardia lejos de mi hogar. La respuesta ha sido la de mandarme al carajo de una manera clara y concisa.
Yo he preguntado a mis compañeros de residencia y lo que más compra la gente en estas fechas es comida y regalos para ofrecer a las otras personas con las que existe una cierta interrelación. De hecho, Matías me ha comprado unos calcetines para regalármelos el próximo día 24 de diciembre que es la fecha en la que la gente se intercambia los presentes.
A mi me han entrado ganas de corresponderle; pero como no tengo dinero.... Quizá podría haberme dado una vueltita por la nave y regalarle algo que tenga allí y que no sirva ya para la misión. Pero, claro, que va hacer Matías con un itercomunicador espacial roto y que ya no funciona. En fin, me tocará llorar otra vez (eso se me ha dado muy bien desde que estoy en este planeta) y hacerle ver que o tengo dinero; que me hubiera gustado corresponderle, pero que, por no tener, no tengo ni cuenta en el banco para poder quejarme de que la tengo sin dinero.
martes, 26 de noviembre de 2019
miércoles, 20 de noviembre de 2019
NAVIDAD
Resulta que ahora está casi todo el mundo aquí un poco revuelto porque llegan unas fiestas que parecen agradar a todo el mundo y que llaman la Navidad. Matias me ha dicho que no me haga ilusiones, que no va a haber regalos y que las comidas solo son especiales, un poco solo, un par de días durante estas fiestas. Que la histeria que se gastan Milagritos y su amiga no están justificadas y que a él, particularmente, tampoco le han hecho nunca mucha gracia estas fiestas porque no le quedaba más remedio que aguantar a toda la familia de gorroneo durante las cenas que se realizaban en la casa de él.
Me he puesto a leer en ese método tan primitivo de información que tienen en este planeta (aunque bastante eficaz para mi) que llaman internet y en donde podido encontrar información para aburrir acerca de estas fiestas denominadas Navidad. Resulta que lo que se celebra es el nacimiento de un niño hace más de dos mil años (de los de aquí) que resultó ser el hijo de Dios, parece ser que enviado por el Dios mismo, con el macabro objetivo de que fuera asesinado, clavando su cuerpo en unos maderos en forma de cruz. La conmemoración de eso son otras fiestas que se celebran dentro de unos meses.
Esto ni se nos ocurriría celebrarlo en nuestro planeta, porque los hijos de Dios son todos los reyes todopoderosos que hemos tenido a lo largo de la historia y algunos de sus parientes. Con la cantidad de "hijos de Dios" que tenemos allí, las fiestas para conmemorar su venida a nuestro mundo duraría todo el año y aun faltaría días. Allí celebramos otras fiestas, como el homenaje al "cangrejo ciego" o las fiestas de la "virginidad de las huberes" (las huberes es el equivalente de las prostitutas en este planeta; y si, es difícil pensar que una hubere pudiera ser virgen. Por eso la excepcionalidad y el celebrarlo).
Parece ser que la celebración de estas fiestas consiste en comer de manera abundante y hacerse regalos, con lo que ahora puedo entender lo que me dijo Matías. Además resulta que se come algunos productos que son característicos de estas fiestas de navidad. Uno de ellos es un producto denominando "turrón" que parece ser que se defiende y ataca a los que pretenden comérselo. Al menos eso entendí yo, ya que Fulgencio aseguraba que hace cinco años, el intentar comer turrón en estas fiestas de Navidad lo había dejado sin dientes.
Otras de las tradiciones gastronómicas de estas fiestas me dieron sudores fríos. Porque parece que una de las cenas de estas fiestas era a base de pavo. Y resulta que una apariencia muy parecida a este animal es la que tenemos algunos de los habitantes de mi planeta, yo entre ellos, originalmente (aunque lo cierto es que podemos cambiar entre varios aspectos sin mucha dificultad). En ese momento di mil millones de gracias a Dios (al de aquí y al de allí) por haber tomado la precaución de cambiar de aspecto antes de mi llegada.
Resulta que ahora está casi todo el mundo aquí un poco revuelto porque llegan unas fiestas que parecen agradar a todo el mundo y que llaman la Navidad. Matias me ha dicho que no me haga ilusiones, que no va a haber regalos y que las comidas solo son especiales, un poco solo, un par de días durante estas fiestas. Que la histeria que se gastan Milagritos y su amiga no están justificadas y que a él, particularmente, tampoco le han hecho nunca mucha gracia estas fiestas porque no le quedaba más remedio que aguantar a toda la familia de gorroneo durante las cenas que se realizaban en la casa de él.Me he puesto a leer en ese método tan primitivo de información que tienen en este planeta (aunque bastante eficaz para mi) que llaman internet y en donde podido encontrar información para aburrir acerca de estas fiestas denominadas Navidad. Resulta que lo que se celebra es el nacimiento de un niño hace más de dos mil años (de los de aquí) que resultó ser el hijo de Dios, parece ser que enviado por el Dios mismo, con el macabro objetivo de que fuera asesinado, clavando su cuerpo en unos maderos en forma de cruz. La conmemoración de eso son otras fiestas que se celebran dentro de unos meses.
Esto ni se nos ocurriría celebrarlo en nuestro planeta, porque los hijos de Dios son todos los reyes todopoderosos que hemos tenido a lo largo de la historia y algunos de sus parientes. Con la cantidad de "hijos de Dios" que tenemos allí, las fiestas para conmemorar su venida a nuestro mundo duraría todo el año y aun faltaría días. Allí celebramos otras fiestas, como el homenaje al "cangrejo ciego" o las fiestas de la "virginidad de las huberes" (las huberes es el equivalente de las prostitutas en este planeta; y si, es difícil pensar que una hubere pudiera ser virgen. Por eso la excepcionalidad y el celebrarlo).
Parece ser que la celebración de estas fiestas consiste en comer de manera abundante y hacerse regalos, con lo que ahora puedo entender lo que me dijo Matías. Además resulta que se come algunos productos que son característicos de estas fiestas de navidad. Uno de ellos es un producto denominando "turrón" que parece ser que se defiende y ataca a los que pretenden comérselo. Al menos eso entendí yo, ya que Fulgencio aseguraba que hace cinco años, el intentar comer turrón en estas fiestas de Navidad lo había dejado sin dientes.
Otras de las tradiciones gastronómicas de estas fiestas me dieron sudores fríos. Porque parece que una de las cenas de estas fiestas era a base de pavo. Y resulta que una apariencia muy parecida a este animal es la que tenemos algunos de los habitantes de mi planeta, yo entre ellos, originalmente (aunque lo cierto es que podemos cambiar entre varios aspectos sin mucha dificultad). En ese momento di mil millones de gracias a Dios (al de aquí y al de allí) por haber tomado la precaución de cambiar de aspecto antes de mi llegada.
jueves, 14 de noviembre de 2019
EXCURSIÓN II
Y en ese sentido, en el del frío, Madrid resultaba ser un lugar irregular. Lo cierto es que yo ya me había adaptado al frío de este planeta, puesto que la temperatura actual de mi planeta natal era el equivalente (me había preocupado en calcularlo) a unos 430 grados centígrados. Así que aquí, sobre todo cuando llegué, francamente tenía algo de fresquillo. Si encima me dicen que en Madrid va a hacer más frío que en Benidorm; pues, la verdad, me asusto un poco. Pero Madrid, como digo, es irregular en cuanto a eso. Por la calle, especialmente en los cruces, el aire te corta la cara, y en cualquier sitio interior, la calefacción tan alta me llegaba a recordar a mi planeta natal por lo calentito que se estaba; mucho más que Benidorm, donde va a parar.
Después de desayunar nuestro chocolatito con churros (exquisito alimento de este planeta) la primera visita programada fue para el Museo del Prado. me sorprendió un poco que aquí los museos más populares tengan lo que se denomina "cuadros". En mi planeta las salas de exhibición parecido a los museos contienen las momias de los grandes próceres de los gobiernos históricos que se han dado a lo largo de los siglos y siglos de monarquía absoluta. Por supuesto que no se encuentran en esos museos, los miembros del gobierno que fueron decapitados por alta traición. Quedaría feo exhibir la cabeza por un lado y el cuerpo por otra.
El Museo del Prado está lleno de cuadros que pretenden ser imitaciones de fotografías bastante pretenciosas. La primera docena de cuadros que no fueron enseñando resultaron acogidos con interés, los tres primeros con entusiasmo incluso; pero, a partir de la pintura número cincuenta, el interés y las ganas de ver cuadros, habían desaparecido por completo.
La comida me gustó; era un plato típico que llamaban cocidito madrileño. Matías no comió mucho porque aseguraba que ese tipo de comida provocaban flatulencias. Pues yo, que me provocan gases hasta el café con leche mañanero, tardé más de una semana en lograr que mi aparato disgestivo se normalizara.
Por la tarde hicimos una par de visitas a unos grandes palacios de los que no logro recordar sus nombres en estos momentos; después de la comida mi capacidad de prestar atención se encontraba muy mermada.
El viaje de vuelta se hizo más corto porque pudimos hacer un sueño reparados casi todos nosotros. La entrada a la residencia la hicimos todos dando aplausos y vítores porque, la verdad, ya no estábamos casi ninguno para esos trotes
Y en ese sentido, en el del frío, Madrid resultaba ser un lugar irregular. Lo cierto es que yo ya me había adaptado al frío de este planeta, puesto que la temperatura actual de mi planeta natal era el equivalente (me había preocupado en calcularlo) a unos 430 grados centígrados. Así que aquí, sobre todo cuando llegué, francamente tenía algo de fresquillo. Si encima me dicen que en Madrid va a hacer más frío que en Benidorm; pues, la verdad, me asusto un poco. Pero Madrid, como digo, es irregular en cuanto a eso. Por la calle, especialmente en los cruces, el aire te corta la cara, y en cualquier sitio interior, la calefacción tan alta me llegaba a recordar a mi planeta natal por lo calentito que se estaba; mucho más que Benidorm, donde va a parar.
Después de desayunar nuestro chocolatito con churros (exquisito alimento de este planeta) la primera visita programada fue para el Museo del Prado. me sorprendió un poco que aquí los museos más populares tengan lo que se denomina "cuadros". En mi planeta las salas de exhibición parecido a los museos contienen las momias de los grandes próceres de los gobiernos históricos que se han dado a lo largo de los siglos y siglos de monarquía absoluta. Por supuesto que no se encuentran en esos museos, los miembros del gobierno que fueron decapitados por alta traición. Quedaría feo exhibir la cabeza por un lado y el cuerpo por otra.El Museo del Prado está lleno de cuadros que pretenden ser imitaciones de fotografías bastante pretenciosas. La primera docena de cuadros que no fueron enseñando resultaron acogidos con interés, los tres primeros con entusiasmo incluso; pero, a partir de la pintura número cincuenta, el interés y las ganas de ver cuadros, habían desaparecido por completo.
La comida me gustó; era un plato típico que llamaban cocidito madrileño. Matías no comió mucho porque aseguraba que ese tipo de comida provocaban flatulencias. Pues yo, que me provocan gases hasta el café con leche mañanero, tardé más de una semana en lograr que mi aparato disgestivo se normalizara.
Por la tarde hicimos una par de visitas a unos grandes palacios de los que no logro recordar sus nombres en estos momentos; después de la comida mi capacidad de prestar atención se encontraba muy mermada.
El viaje de vuelta se hizo más corto porque pudimos hacer un sueño reparados casi todos nosotros. La entrada a la residencia la hicimos todos dando aplausos y vítores porque, la verdad, ya no estábamos casi ninguno para esos trotes
domingo, 10 de noviembre de 2019
EXCURSIÓN
Por fin había llegado el gran día. No, el de la invasión del planeta no, para eso aún quedaba un tiempito. El caso es que Matías me preguntó si yo había salido alguna vez de Benidorm. Naturalmente, porque a mi no me gusta mentir nunca, le dije que nunca había ido a ninguna otra parte del planeta que fuera esta ciudad. Me dijo que eso no podía ser y que había que viajar (dentro de nuestras posibilidades, claro) y que eso lo iba a arreglar él en unas semanas.
Y así fue; consiguió que unos siete u ocho de los que estábamos alojados en la residencia, realmente los que nos encontrábamos en condiciones de viajar. nos puntáramos a uno de los viajes especiales (los que había para los muy mayores) de algo que él denominaba "Imserso" y que iba a llevarnos con destino a Madrid, que al parecer era la ciudad capital de esta nación en donde estábamos viviendo que se denominaba España.
Todos nos encontrábamos extraordinariamente excitados el día en que pudimos viajar ( los seis, porque dos al final no se encontraron en condiciones de hacerlo). El viaje se hizo un poco tedioso porque a algunos les dio por cantar, unas canciones de su infancia, según Matías, y que se parecían demasiado a cuando a los gritos de Onofre cuando le daban ataques de piedras en el riñón y no podía expulsarlas. Yo pensaba que, si el viaje lo hubiésemos hecho en mi nave, habríamos tardado entre tres y cuatro minutos y no las siete horas que gastó el autobús con no menos de veinte paradas para mear
En fin, todo pasa en la vida y finalmente llegamos a Madrid sin muchas más novedades. La impresión que me dio, así de primeras, era que era una ciudad parecida a Benidorm, aunque sin mar al lado. La gente parecía tener más prisa y había considerablemente más tráfico de automóviles (naves aeroespaciales no pude ver ninguna). Matías me dijo que allí había mucha más gente que en donde nosotros vivíamos. Como no los pude contar a todos (no como en Benidorm, que si los he podido contar a todos los habitantes de la ciudad), que podían ser de diez a quince veces más en verano y de veinte a treinta en invierno. Me dijo que allí hacía algo más de frío, lo que se notaba, era el mes de Enero. Y tan solo con decirlo ya me empezaron a entrar ecalofríos
Por fin había llegado el gran día. No, el de la invasión del planeta no, para eso aún quedaba un tiempito. El caso es que Matías me preguntó si yo había salido alguna vez de Benidorm. Naturalmente, porque a mi no me gusta mentir nunca, le dije que nunca había ido a ninguna otra parte del planeta que fuera esta ciudad. Me dijo que eso no podía ser y que había que viajar (dentro de nuestras posibilidades, claro) y que eso lo iba a arreglar él en unas semanas.
Y así fue; consiguió que unos siete u ocho de los que estábamos alojados en la residencia, realmente los que nos encontrábamos en condiciones de viajar. nos puntáramos a uno de los viajes especiales (los que había para los muy mayores) de algo que él denominaba "Imserso" y que iba a llevarnos con destino a Madrid, que al parecer era la ciudad capital de esta nación en donde estábamos viviendo que se denominaba España.Todos nos encontrábamos extraordinariamente excitados el día en que pudimos viajar ( los seis, porque dos al final no se encontraron en condiciones de hacerlo). El viaje se hizo un poco tedioso porque a algunos les dio por cantar, unas canciones de su infancia, según Matías, y que se parecían demasiado a cuando a los gritos de Onofre cuando le daban ataques de piedras en el riñón y no podía expulsarlas. Yo pensaba que, si el viaje lo hubiésemos hecho en mi nave, habríamos tardado entre tres y cuatro minutos y no las siete horas que gastó el autobús con no menos de veinte paradas para mear
En fin, todo pasa en la vida y finalmente llegamos a Madrid sin muchas más novedades. La impresión que me dio, así de primeras, era que era una ciudad parecida a Benidorm, aunque sin mar al lado. La gente parecía tener más prisa y había considerablemente más tráfico de automóviles (naves aeroespaciales no pude ver ninguna). Matías me dijo que allí había mucha más gente que en donde nosotros vivíamos. Como no los pude contar a todos (no como en Benidorm, que si los he podido contar a todos los habitantes de la ciudad), que podían ser de diez a quince veces más en verano y de veinte a treinta en invierno. Me dijo que allí hacía algo más de frío, lo que se notaba, era el mes de Enero. Y tan solo con decirlo ya me empezaron a entrar ecalofríos
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