
Tras las dos guerras que ellos denominaron, con aquellas ínfulas grandeza “mundiales”, parece que todo iba relativamente bien para los habitantes del mundo “occidental”; se había iniciado un periodo de expansión económica (“los de siempre” parece que aflojaban un poco), se estaban consiguiendo bastantes logros sociales (el hecho de que uno de los bloques fuera en teoría socialista influía en que los gobiernos de los países más capitalistas así lo permitieran – por el contrario en las países del bloque comunistas sus habitantes estaban más bien jodidos en cuanto al tema de las prestaciones sociales-) y todo era de colorines rosa (¡Si, también se podían tomar cosas para verlo!).
Había que dar pan y circo, además de dirimir una serie de justas que hasta ese momento se veían en los campos de batalla. Estaba llegando e gran desarrollo de los medios de comunicación. Iba a venir , si no estaba ya, el estallido de la televisión y había que rellenar horas y horas de televisión y era o tías bolas o esto (además de poner “Historias de Filadelfia” que da para poco más de una hora)
Por eso se desarrolló como se desarrolló el deporte de carácter competitivo a nivel profesional. De ser cuatro locos en calzoncillos (los friáis en un momento determinado) que había que dejar con sus cosas, han pasado a ser una actividad que mueve cantidades ingentes de dinero, a celebrarse encuentros entre naciones en los que se dilucida el honor nacional y a ocupar más horas en las pantallas incluso que la pornografía. Si los héroes deportivos ganan, se les perdona todo; en cambio, si pierden prácticamente pasan a ser unos delincuentes.
Tanta importancia ha llegado a alcanzar, que la primera señal que puede enviar de esta civilización a mi planeta, fue una retransmisión deportiva , en concreto el discurso inaugural de los Juegos Olímpicos de Berlin en 1936 realizado por un tal Adolf Tihler o algo así
Había que dar pan y circo, además de dirimir una serie de justas que hasta ese momento se veían en los campos de batalla. Estaba llegando e gran desarrollo de los medios de comunicación. Iba a venir , si no estaba ya, el estallido de la televisión y había que rellenar horas y horas de televisión y era o tías bolas o esto (además de poner “Historias de Filadelfia” que da para poco más de una hora)
Por eso se desarrolló como se desarrolló el deporte de carácter competitivo a nivel profesional. De ser cuatro locos en calzoncillos (los friáis en un momento determinado) que había que dejar con sus cosas, han pasado a ser una actividad que mueve cantidades ingentes de dinero, a celebrarse encuentros entre naciones en los que se dilucida el honor nacional y a ocupar más horas en las pantallas incluso que la pornografía. Si los héroes deportivos ganan, se les perdona todo; en cambio, si pierden prácticamente pasan a ser unos delincuentes.
Tanta importancia ha llegado a alcanzar, que la primera señal que puede enviar de esta civilización a mi planeta, fue una retransmisión deportiva , en concreto el discurso inaugural de los Juegos Olímpicos de Berlin en 1936 realizado por un tal Adolf Tihler o algo así
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