martes, 4 de abril de 2017

DESORIENTADO




Como ya he dicho, la entrada en una atmósfera con gravedad como tiene este planeta es un poquitín traumática. Para entendernos, como si los habitantes de este planeta se metieran por la garganta tres botellas de ron (otra cosa sería que se las metieran en vena). Así que pasé como unas tres semanas bastante desorientado. De hecho, no sabía muy bien en donde había aterrizado. Hasta ayer mismo estaba convencido de que había aterrizado en Nueva York.
Así que cuando he podido centrarme un poco y, por consiguiente he podido darme cuenta del lugar en donde me encontraba, lo primero ha sido tratar de adaptarme al lugar en el que estaba. Empezando por cambiar de aspecto. Escondido mientras mi aspecto era el mio original, he tratado de observar todos los especímenes que caminaban por los lugares más concurridos del lugar y de decidido adoptar la forma, la imagen, más habitual entre todos los paseantes. Además de que era la que más me gustaba y la que más se asemejaba a mi apolínea forma original.
Melena pelirroja rizada de pelo graso y no excesivamente cuidado; piel clara, muy clara (esto fue un problema porque en cuanto quedé expuesto al brillo de la estrella que alumbra este planeta, mi piel pasó a ser rosada, al principio, para terminar mutando en un rojo chillón que, a pesar de todo, no desentonaba con los viandantes de esta ciudad); ojos grandes e inexpresivos, como de besugo famélico, más voluminoso por el centro que por cualquiera de los extremos, alguna persona lo definió posteriormente como "barriga cervezera", a pesar de no haber probado la cerveza en toda mi larga vida, dos pechos bastante prominentes que me caían hasta la altura del ombligo (efectivamente había elegido el género femenino). La parte trasera, lo que denominan culo ocupaba la mitad de mi cuerpo y era visible desde, al menos, un kilómetro, Las piernas eran realmente rollizas y aun más blancas que el resto de mi cuerpo, si es que eso era posible.
La vestimenta, especialmente elegida por mi entre todo lo que había visto en la ciudad, incluía una camiseta de tiros de color claro que, cuando me movía con una cierta energía, permitía que mis senos saltaran juguetones hasta dar la impresión de que se iban a separar de mi cuerpo. Eso combinado con unos pantalones semicortos que dejaba ver mis blancas piernas para deleite de los miradores. Y para rematar las sandalias habituales  del lugar con unos coquetos calcetines de lana que cubrían mis dos pies.
¡Me encantaba! Era el look que siempre había querido tener. De hecho, lo primero que hice en cuando cambié mi aspecto fue tomar una foto para mandar a mis amigos y familiares de mi planeta natal.

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