El oir hablar a mi grupo de compañeros cada vez que a alguien se le ocurría decir alguna cosa relativa a las pensiones (remuneración que se encarga de pagar la administración publica a las personas que se supone que no pueden valerse ya por si mismas -las deberían ver como se manejan y notarían su error-) y los alborotos que se formaban por ello, me hizo darme cuenta de cual era el talón de aquiles de esta raza y que no tenía que ver con armas de fuego poderosas, holocaustos nucleares o cualquier tipo de catástrofes nucleares. Y estoy dudando si informar al Alto Mando para que sepa como poder vencer, en un momento determinado, a esta raza que habita el planeta.
El gran problema de esta raza es el miedo, el miedo infundado que hace que se pongan la venda antes de tener la herida, que les lleva a estar preocupados, yo diría que paralizados, ante cualquier eventualidad que a alguien se le haya ocurrido que podría pasar. A lo mejor, si pasa de verdad, son capaces de encontrar una solución o de luchar contra la amenaza y lograr vencerla o neutralizarla.Pero lo que de verdad les puede, lo que de verdad les paraliza y les aterroriza son toda esa cantidad de bulos y rumores apocalípticos, generalmente invenciones de alguíen que tan solo se ha imaginado que podrían llegar a pasar, que circulan de manera abundante por todos lados y que generalmente nunca van a llegar a pasar.
Si alguien, un enemigo de la raza humana, se dedicara a lanzar bulos apocalípticos que llegaran a todos lados, estoy seguro de que el ser humano no actuaría de forma natural porque, en una gran mayoría, estarían convencidos de que esos vaticinios que ha oído, para los que no existe ningún tipo de base real, van a extinguir la raza humana.
Esto les tendría maniatados y serían incapaces de llevar a cabo ningún tipo de acción defensiva y tan solo estarían pendiente del convencimiento de que va pasar algo que tan solo existe en la imaginación calenturienta de algunos. Mis compañeros de residencia querrían salir a protestar por escaso de sus pensiones; pero el rumor que lanzó Casimiro de que, si se daban más de dos manifestaciones al mes, las pensiones quedarían reducidas en un cuarenta por ciento, le hizo quedarse tranquilamente en la residencia jugando al dominó
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