Y en ese sentido, en el del frío, Madrid resultaba ser un lugar irregular. Lo cierto es que yo ya me había adaptado al frío de este planeta, puesto que la temperatura actual de mi planeta natal era el equivalente (me había preocupado en calcularlo) a unos 430 grados centígrados. Así que aquí, sobre todo cuando llegué, francamente tenía algo de fresquillo. Si encima me dicen que en Madrid va a hacer más frío que en Benidorm; pues, la verdad, me asusto un poco. Pero Madrid, como digo, es irregular en cuanto a eso. Por la calle, especialmente en los cruces, el aire te corta la cara, y en cualquier sitio interior, la calefacción tan alta me llegaba a recordar a mi planeta natal por lo calentito que se estaba; mucho más que Benidorm, donde va a parar.
Después de desayunar nuestro chocolatito con churros (exquisito alimento de este planeta) la primera visita programada fue para el Museo del Prado. me sorprendió un poco que aquí los museos más populares tengan lo que se denomina "cuadros". En mi planeta las salas de exhibición parecido a los museos contienen las momias de los grandes próceres de los gobiernos históricos que se han dado a lo largo de los siglos y siglos de monarquía absoluta. Por supuesto que no se encuentran en esos museos, los miembros del gobierno que fueron decapitados por alta traición. Quedaría feo exhibir la cabeza por un lado y el cuerpo por otra.El Museo del Prado está lleno de cuadros que pretenden ser imitaciones de fotografías bastante pretenciosas. La primera docena de cuadros que no fueron enseñando resultaron acogidos con interés, los tres primeros con entusiasmo incluso; pero, a partir de la pintura número cincuenta, el interés y las ganas de ver cuadros, habían desaparecido por completo.
La comida me gustó; era un plato típico que llamaban cocidito madrileño. Matías no comió mucho porque aseguraba que ese tipo de comida provocaban flatulencias. Pues yo, que me provocan gases hasta el café con leche mañanero, tardé más de una semana en lograr que mi aparato disgestivo se normalizara.
Por la tarde hicimos una par de visitas a unos grandes palacios de los que no logro recordar sus nombres en estos momentos; después de la comida mi capacidad de prestar atención se encontraba muy mermada.
El viaje de vuelta se hizo más corto porque pudimos hacer un sueño reparados casi todos nosotros. La entrada a la residencia la hicimos todos dando aplausos y vítores porque, la verdad, ya no estábamos casi ninguno para esos trotes
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