
Siempre ha sido lo mismo. Un grupo de seres solidarios, responsables y honestos viven un momento de crisis y desesperación en el que parece que la civilización y sus propias vidas con ella se van a ir al carajo. Entonces deciden olvidarse del pasado, no pensar en el futuro y ponerse a trabajar codo con codo sin envidias, reproches y, fundamentalmente, sin descanso. Curiosamente en esos tiempos (por otra parte es una fortuna que así lo hagan) “los de siempre” están escondidos esperando el momento en que sea posible rapiñar y aprovecharse de algún tipo de bien material que haya sido creado con el esfuerzo y la imaginación de otros.
El resultado es que donde había miseria, desesperación y pesimismo, surge riqueza, esperanza y alegría. No se trata de una fórmula muy complicada, pero siempre, siempre da resultado, es infalible. Y siendo tan simple parece sorprendente que no se emplee más a menudo. Pero hay algunos elementos de esta fórmula que resulta especialmente difícil de aplicar; la solidaridad (fundamentalmente), la responsabilidad, y la honestidad son como el aire puro, que aun habiendo mucho, en realidad resulta muy difícil de encontrar. Además en cuanto surge algo de valor por algún lado (sea material o espiritual) surgen “los de siempre” que tratan (mejor dicho, que lo logran) de apoderarse de ello para beneficio exclusivamente propio.
Se han dado muchos casos de ello a lo largo de esta civilización. Quizá los casos que en la actualidad se tengan más presentes son los de Roma y Grecia. Pero lo cierto es que han existido otras muchas culturas que en algún momento de esta civilización (y no digamos de otras civilizaciones) han vivido auténticos momentos de esplendor material y espiritual. Los mayas e incas, los asirios, los tartessos. Y algunos otros momentos de florecimiento cultural que en este momento ha sido olvidado, como los Aqueletones o los Trezeguies.
Todos ellos han utilizado la fórmula que he descrito arriba, a todos les ha funcionado y todos han vivido su ocaso por las mismas miserables e insolidarias causas.
El resultado es que donde había miseria, desesperación y pesimismo, surge riqueza, esperanza y alegría. No se trata de una fórmula muy complicada, pero siempre, siempre da resultado, es infalible. Y siendo tan simple parece sorprendente que no se emplee más a menudo. Pero hay algunos elementos de esta fórmula que resulta especialmente difícil de aplicar; la solidaridad (fundamentalmente), la responsabilidad, y la honestidad son como el aire puro, que aun habiendo mucho, en realidad resulta muy difícil de encontrar. Además en cuanto surge algo de valor por algún lado (sea material o espiritual) surgen “los de siempre” que tratan (mejor dicho, que lo logran) de apoderarse de ello para beneficio exclusivamente propio.
Se han dado muchos casos de ello a lo largo de esta civilización. Quizá los casos que en la actualidad se tengan más presentes son los de Roma y Grecia. Pero lo cierto es que han existido otras muchas culturas que en algún momento de esta civilización (y no digamos de otras civilizaciones) han vivido auténticos momentos de esplendor material y espiritual. Los mayas e incas, los asirios, los tartessos. Y algunos otros momentos de florecimiento cultural que en este momento ha sido olvidado, como los Aqueletones o los Trezeguies.
Todos ellos han utilizado la fórmula que he descrito arriba, a todos les ha funcionado y todos han vivido su ocaso por las mismas miserables e insolidarias causas.
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