martes, 23 de abril de 2019

KARAOKE




Muchas tardes pasadas en "La Buena Sombra", el pub-karaoke a donde solía ir con nuevos y jóvenes amigos, dieron para mucho. Aprender un repertorio considerable de letras de canciones, lograr casi entonar con un cierto ritmo y estar cerca de poder seguir la música de las canciones que proponía la pantalla del karaoke, muchos litros de sangría y alguna que otra vomitona por no haber comido lo suficiente para poder aguantarlos; muchas visitas al servicio (francamente, no quería que mis amigos me vieran mear por la nariz).
Y muchas para poder reflexionar sobre la forma de ser de los habitantes de este planeta. Sobre lo mucho que gustaba a los seres de este mundo el imitar, el hacer algo que otro u otros han hecho antes, con un cierto éxito se supone. Y lo que cuesta ser originales, hacer algo que otras personas no han hecho o se ha hecho poco. Cuando he preguntado sobre esto, las respuestas han coincidido en tres o cuatro cosas: miedo al ridículo, miedo a lo que puedan pensar los demás (por lo extravagante de la propuesta), falta de imaginación y, sobre todo, ¡lo que cuesta pensar y hacer planteamientos diferentes!
Esto va a sorprender mucho en el Alto Mando de mi planeta, cuando haga el informe. Nuestra raza no gasta ningún tipo de pudor a la hora de hacer cosas nuevas y, en la mayoría de los casos, realmente extravagantes; son pocas las ideas que que son buenas y aprovechables para la totalidad de la comunidad.
Pero, como son tantas las expresiones de la imaginación de mis congéneres, es inevitable que alguna de las ocurrencias sea realmente buena y suponga un punto de progreso en la evolución de nuestro Korpea (equivalente a la humanidad en este planeta). Gracias a ello, hemos conseguido desarrollar la tecnología que nos tiene observando con un cierto grado de superioridad a este y a otros planetas. Y eso que que estamos considerada la raza 4.576 en cuanto a nuestro nivel de inteligencia, de las aproximadamente 6.000 que hay en todo el Universo.
 

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