Esto está lleno de
gente, Benidorm. Parece como que toda la población del planeta se
haya querido reunir, para tomar unas copas o algo, en este lugar de
la costa Mediterránea. Parece como si el peso pudiera hundir unos
cuantos centímetros las playas de esta localidad. Eso si quedan
playas; porque uno no podría asegurarlo, porque hace ya unos cuantos
días que yo no soy capaz de poder verlas.
Afortunadamente
nadie quiere agregarse a nuestra partidas de dominó (parece que con
la llegada del verano, mis compañeros de partida han abandonado la
idea de compartirlas con las partidas de tute, “gracias sean dadas
a nuestro Gran Padre Yuguetó”), por lo que sigo teniendo esa vía
de entretenimiento tan importante para mi y mi salud mental.
Ha entrado en mi
intercomunicador un mensaje prioritario que me urge a mandarles
información de como sería la capacidad de respuesta del Alto Mando
de este planeta en caso de ataque preventivo (sorpresivo diría yo,
porque se iban a llevar un susto de campeonato, como dicen mis
colegas). Y a ver que carajo les informo yo.
Hombre, la capacidad
de respuesta iba a ser lenta, creo yo. Primero que nada, no hay un
Alto Mando, sino muchos; por lo que hasta que se pusieran de acuerdo,
si es que lo lograban, iban a pasar unos cuantos días. Y si si ya
llevamos la posibilidad de ponerse de acuerdo y tomar una decisión a
los dirigentes políticos, este acuerdo posiblemente no se producirá
en lo que resta de siglo.
Así que la
capacidad de respuesta, lenta (eso es lo que voy a informar). Y con
muchas posibilidades de que los responsables políticos del Alto
Mando nunca se lleguen a enterar de que se está produciendo un
ataque (preventivo o de cualquier otro tipo) y identificaran el ruido
y el fuego que se descarga sobre la superficie terrestre como una
catástrofe natural que nunca hubieran podido llegar a evitar.
Ano ser, claro, que
el ataque se produjera sobre su ombligo, que es lo único que están
mirando esta gente de manera constante.
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