
Vuelvo sobre las religiones y su influencia en el desarrollo de esta civilización (igual que sobre todas las que se han desarrollado sobre la faz de este planeta) porque esta ha sido considerablemente importante. En general la han utilizado “los de siempre” como les ha salido de la punta. Pero cualquier ser, inteligente o no, que no ha tenido argumentos ni razones suficientes para convencer a los demás de algo, ha echado mano de forma indiscriminada y viniera o no a cuento el dogma religioso sobre el que se pretendían apoyar, para convencer a sus semejantes que las razones que les secundaban.
Argumentos como la fe ciega (¡porque lo digo yo y punto!), misterios biofísicos sin resolver (Santísima Trinidad, milagros,…), incongruencias históricas y, lo más importante, incongruencias espirituales, no han disminuido el ánimo de los “vendedores” y “compradores” de religión que siempre han tenido claro que su producto no iba a tener problemas en el mercado.
Si las cosas llegaban a algún grado de dificultad, se inventaron una variación sobre el mismo producto que llamaron sectas (órdenes religiosas, sociedades secretas, etc.). En cualquier caso el premio final está muy bien, pero nunca nadie (prácticamente) ha podido certificar la calidad de ese producto que cuesta tanto conseguir.
Y luego están los berrinches que se han cogido los ultra defensores de la ortodoxía religiosa. El averiguar que la Tierra era redonda y no plana costo alimentar alguna que otra hoguera: El que alguien osara teorizar sobre el pequeño detalle astronómico de que era la Tierra la que giraba alrededor del sol y no al revés se pensaba que era una tesis que, en el caso de ser verdad, no debía ser conocida por los fieles porque pondría sus almas en un peligro irremediable. La teoría de la evolución de Darwin también se ganó alguna que otra excomunión y el correspondiente disgusto de los santos padres que no quieren que sus fieles se descarríen con ideas provenientes del maligno. Y así unos cuantos ejemplos más que dejan patente lo bien que se han llevado las religiones y sus representantes y el progreso y la adquisición de conocimientos por parte de la raza humana
Argumentos como la fe ciega (¡porque lo digo yo y punto!), misterios biofísicos sin resolver (Santísima Trinidad, milagros,…), incongruencias históricas y, lo más importante, incongruencias espirituales, no han disminuido el ánimo de los “vendedores” y “compradores” de religión que siempre han tenido claro que su producto no iba a tener problemas en el mercado.
Si las cosas llegaban a algún grado de dificultad, se inventaron una variación sobre el mismo producto que llamaron sectas (órdenes religiosas, sociedades secretas, etc.). En cualquier caso el premio final está muy bien, pero nunca nadie (prácticamente) ha podido certificar la calidad de ese producto que cuesta tanto conseguir.
Y luego están los berrinches que se han cogido los ultra defensores de la ortodoxía religiosa. El averiguar que la Tierra era redonda y no plana costo alimentar alguna que otra hoguera: El que alguien osara teorizar sobre el pequeño detalle astronómico de que era la Tierra la que giraba alrededor del sol y no al revés se pensaba que era una tesis que, en el caso de ser verdad, no debía ser conocida por los fieles porque pondría sus almas en un peligro irremediable. La teoría de la evolución de Darwin también se ganó alguna que otra excomunión y el correspondiente disgusto de los santos padres que no quieren que sus fieles se descarríen con ideas provenientes del maligno. Y así unos cuantos ejemplos más que dejan patente lo bien que se han llevado las religiones y sus representantes y el progreso y la adquisición de conocimientos por parte de la raza humana
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