viernes, 20 de marzo de 2009

El vigia (18)


Luego inventaron las agencias de viaje, los hoteles de cinco estrellas y las vacaciones todo incluido. Pero, lo cierto es que durante muchos años viajar no era precisamente popular. Es verdad que hacerlo a pié, a lomos de un caballo o sobre un barco de madera que se movía como si se encontrara dentro de una batidora y que se podía hacer astillas con un par de olas, no ayudaba demasiado a que la afición a hacer turismo creara la necesidad de tener agencias de viaje antes del siglo veinte de esta civilización.
Tan solo algunos, muy pocos, que eran considerados extravagantes se atrevían a realizar viajes largos (considerando las dimensiones del planeta), los menos motivados por la curiosidad y, los más, propiciados por la manía que tienen los seres que habitan este planeta de enriquecerse de la manera más rápida y cómoda posible.
Pero, mira tu por donde, se montaron en tres barcos que no ofrecían demasiadas garantías, se tragaron los mareos y las insolaciones que les iban a producir un viaje de esas características, más aun se tragaron el miedo que les producía el poder toparse con monstruos pavorosos o con el fin del mundo, y descubrieron que a unas pocas millas marinas había una tierras casi tan extensas como el mundo conocido en ese momento, casi tan poblada y que tenía unas costumbres raras de cojones. De entrada su vestimenta era escasa, cosa que para los puritanos europeos de la época (aunque los europeos, la mayoría, siempre han sido puritanos) era inconcebible, fumaban tabaco y no les daba la tabarra los médicos con que tenían que dejarlo, y, sobre todo, no conocían a Dios, al Dios de ellos, de los que llegaban de visitantes a estas tierras, porque la religión ya la habían descubierto allí también.
Y eso, nada más llegar se pusieron a la tarea. Además de tomar prestado (un año de estos les devolverán todo lo que se llevaron) el oro, plata y todo cuanto producto podía tener valor en los mercados europeos; se pusieron manos a la obra para compensarles de sobra por el expolio que les estaban haciendo a nivel económico: les iban a dar a conocer al Dios verdadero. Les iban a enseñar la fe, la bondad, la humildad y la caridad.
Y lo hicieron en algunos casos y lo hubieran hecho en otros si hubieran quedado habitantes nativos de estas tierras, claro, Porque en muchas de esas tierras había un pequeño detalle que impedía completar con éxito la tarea de evangelización. Los habitantes que debían ser evangelizados habían quedado casi completamente aniquilados

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