viernes, 31 de mayo de 2019

EL PENSAMIENTO ÚNICO






De las largas conversaciones en las partidas vespertinas de dominó, ahora de vez en cuando tute, pude colegir que mis compañeros de residencia suelen tener una idea bastante peculiar de lo que es la democracia. La democracia para ellos es el triunfo de lo que más nos interesa a todos, siempre que eso signifique que es lo que más me interesa a mi.
Dado que las voluntades suelen ser en un principio individuales y características de cada persona, el determinar cual es el interés común y determinar que es lo que puede convenir a la gran mayoría de la población (y si puede ser a largo plazo mejor) es definitivamente la gran dificultad de la democracia. De hecho, y observando la evolución de este planeta durante varias civilizaciones, no puedo estar completamente seguro de que en alguna ocasión se lograra realmente.
Y ante esto, uno se llega plantear si no sería un poco mejor la alternativa, como sucede en mi planeta natal, de que todo el mundo "comulgue" con un pensamiento único y planteado por los que de verdad saben lo que nos conviene (eso dicen ellos) como sucede en mi planeta natal. Lo bueno de esto es que no hay equívocos, se puede destinar la imaginación y el raciocinio para otras cosas y, en definitiva, todo el mundo sabe a que atenerse. No va a haber ningún tipo de problemas siempre que no quieras ir en contra de los postulados de ese pensamiento único.
En mi planeta, los que han intentado hacerlo, me gustaría decir que se han acabado convenciendo de que no merecía la pena. Pero, o están muertos o exiliados en planetas desiertos y desconocidos para todo el mundo. Los que nunca nos hemos opuesto a ese pensamiento único y hemos seguidos sus directrices, francamente, nos ha ido bastante mejor y llevamos no menos de diez mil años viviendo felizmente. Yo, en mi juventud, como suele pasar en estos casos, tuve un pequeño conato de rebeldía, pero al estar "tonteando" con la vigésimo séptima hija de un jerarca de mi localidad natal, me hizo replantearme el tema. Y ni siquiera el hecho de que tras nuestra primera cita me dijera que no quería saber más de mi, me hizo retomar mis veleidades rebeldes.
Aquí parece que ha habido unos cuantos intentos de tratar de imponer ese pensamiento único que nunca ha sido muy bien aceptado, a pesar de sus ventajas. Seguramente el interpretar las normas como les daba la gana por los de siempre (en muchos casos con una interpretación bastante alejada de  lo que estaba dictando ese pensamiento único), el proteger y perdonar a los que hacían auténticas barbaridades en nombre de pensamiento único y el ejercer la represión de manera indiscriminada a los que se oponían a los de siempre, incluso si no habían hecho nada en contra de ese pensamiento único. Seguramente todas esas cosas habían tenido mucho que ver con el poco éxito de esta forma de gobernar.

No hay comentarios: