sábado, 4 de mayo de 2019

LA GRAN DUDA





A pesar de ser yo un maestro del dominó, me perturbaba el pensar que algunos de mis compañeros de juego me podían ganar, en algunas ocasiones con una cierta facilidad. Digamos, a lo mejor estoy disfrazando la realidad, que me solían ganar tres de cada cuatro partidas. Ellos decían que en los juegos interviene fundamentalmente el azar y que eso no se puede controlar. Era una teoría, pero yo no estaba muy de acuerdo con ella. Yo estaba convencido que el intelecto también influía en la habilidad para desarrollar ese juego.
Entonces me propuse leer todo lo que pude sobre la composición del cerebro de estos seres (donde se suponían que tenían el intelecto los seres de este planeta y no en el culo como laguna vez insinuó de manera velada alguno de ellos) y, además, pude aprovechar que Brígida, una de las ocasionales contrincantes del dominó, estaba en pleno acto de su siesta diaria, momento en el que podría caer un meteorito sobre La Tierra y no la despertaría, para realizar un escáner de superposición con mi escaneadora portátil que llevaba a todos lados y que realizaba estudios de gran precisión en todos los seres vivos del universo.
El resultado es que el cerebro de los seres de este planeta se ha estimado que el cerebro humano contiene de 70 a 100 mil millones de neuronas, seguramente Brígida se encontraba en el rango más bajo, de las cuales cerca de 10 mil millones son neuronas piramidales corticales, y estas células transmiten las señales a través de 1000 billones de conexiones sinópticas. No todas ellas están activas, las neuronas y las conexiones, Brígida cuando despertaba de la siesta si estaba muy activa, demasiado diría yo.
Y estos datos, francamente me alarmaron. Teniendo en cuenta que nosotros, nuestra raza, tan solo tiene unos mil millones de neuronas en nuestro órgano intelectual (no hace falta decir cual es) y que apenas hay unas cincuenta mil millones de conexiones sinópticas, estaba claro que la gran de esta raza estaba en su cerebro y todas las cosas que podrían hacer con el, su complejidad y sus posibilidades. Es cierto que tan solo lo utilizan en un diez por ciento de su capacidad dicen, en el caso de Brígida durmiendo la siesta era menor del diez por ciento. Pero da yuyu.
La gran duda vino a la hora de dar parte al Alto Mando, que indudablemente no dudaría ni un instante en extinguir a todos los seres vivos de este planeta. O por el contrario, dejarlo pasar y seguir tranquilamente jugando al dominó. Noches sin dormir (lo cierto es que yo no duermo) me costó decidirme. Finalmente decidí que no merecía la pena (dar parte), su vida era demasiado corta y, los pobres, no sabían realmente el arma tan poderosa que portaban en sus cabezas.

No hay comentarios: